CORONA DE ADAM KADMÓN
¿Escalofriante este cielo?
Un blues derrama espuma de lirios en la cruz de los días.
¿Caliente el resplandor que transfigura?
Ha sido el tiempo de las puertas.
La tempestad elige la piel y se oye clamar
en los tinglados del arrobamiento
como tigra tatuada hasta el principio.
Un bosque de vidrio subirá desde el barro,
un aullido instalará para siempre entre tus crías
la terrible belleza del caído.
¿Qué verbo indescriptible parte de esta boca
y se arroja disfrazado de virgen
a curar los jirones de tu alianza en el tiempo?
-Tigra tatuada, tigra tatuada, vélame el instante-
Ya no podrás decir del trance sino el brillo,
el inefable a costas de mi piel y sus genealogías.
¿Me ayuda el terciopelo de un espejo de mano
para recuperar el tenue olor en esta fábrica de maniquíes?
(Sólo te habita la desposesión.
Fría sed el desmayo tras un bosque de vidrio.)
Crece bajo los pies el hijo del insomnio, fútil y errante.
Mañana será hijo del trueno y pescará hombres
con la unción del delirio.
-Tigra de luz, tigra aciaga, transverbérame-
Un hacha de pavor ya dividió a los amantes.
¿Quién puede guardar un anónimo fragmento
siquiera en la azotea de las pesadillas?
Ni áncoras ni catacumbas tendran piedad
por esta dinastía abierta al relámpago.
Tus pasos llegan a la Mansión Oblicua de un hombre sobre el mundo.
Las huellas gimen por la erosión.
Sangre y nieve, nieve y sangre para lamer
frente al bosque memorial de las encarnaciones.
De esta piel te revisten de gloria
aunque carne de tinieblas sea la palabra
con que fundo el estrago y la gracia de mis hijos.
¿Aquí la plenitud del soplo,
la sacratísima perfección del desterrado?
Es que naces aún de las espinas
y con un hormiguero de entrañas me construyen el trono.
Manuel Lozano
Buenos Aires, octubre de 2006
(Este poema de Manuel Lozano inauguró la edición de "El Oro de los Tigres" -Para un panorama de la cultura actual-, correspondiente al 19 de febrero de 2006.
Pertenece a su libro "Mansión Artaud"- Derechos registrados-
servido por Gloria Margarita
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Ghazal enmascarado en el surtidor de los ojos
Sams Al-din Muhammad (Hafiz), in memoriam

La avara cizaña crece.
En este sitial de arenas peligra la piel
del viejo adolescente cubierto por el musgo
hasta la anunciación, la loca anunciación de la herida.
¿Has visto aquel muelle?
¿Desentierras de un golpe la sangre del Vizir,
la tenue sustancia brillando como un alarido?
¿Asistes al sacrificio voraz de toda primavera?
¿Con qué estuche milagroso guardarías el ruego?
¿Y las carrozas?
Se abre este muelle en las membranas del mundo.
La tempestad vuelve a la costa sacratísima
de felices dinastías sobre el mármol.
(Los dibujos entretejen un ágape de fuego
y es un ballet de muerte la mesa tendida al sol
donde Swinburne mastica pétalos dorados para tu agonía
y el Gran Sufí recorre la feria en mitad de la noche.)
Es el contagio de memorias quien te pide tijeras,
alimañas, afán de soledad, sucio espejo levantado en tu honor
para fraguar la historia.
Labra los siglos desde su guarida.
Así comienzan los encantamientos.
El cazador prueba en su lengua un talismán de pelos de murciélago.
¿Con qué ajuar de ciegas caretas cruzarías
la noche del amor y sus repeticiones?
¿Qué ofrendas dejarías en el baldío corazón
golpeando -sin cesar- columnas rotas?
¿Qué arcano para la palabra indivisa?
¿Nada más que majestad de fiebre
deshabitada por la exacta caída del imperio?
Ya no habrás de ver el rapto y la crucifixión de mi vuelo.
Hilvanaré piedad en el jardín
porque de viento es esta mordedura,
porque de viento es esta ley tatuada en mi costado.
Bastante herida mojó en la tierra
la mansión del deseo.
¿El sacrificio voraz de toda primavera?
Manuel Lozano
París, abril de 2004
*Ghazal enmascarado en el surtidor de los ojos
Sams Al-din Muhammad (Hafiz), in memoriam
La avara cizaña crece.
En este sitial de arenas peligra la piel
del viejo adolescente cubierto por el musgo
hasta la anunciación, la loca anunciación de la herida.
¿Has visto aquel muelle?
¿Desentierras de un golpe la sangre del Vizir,
la tenue sustancia brillando como un alarido?
¿Asistes al sacrificio voraz de toda primavera?
¿Con qué estuche milagroso guardarías el ruego?
¿Y las carrozas?
Se abre este muelle en las membranas del mundo.
La tempestad vuelve a la costa sacratísima
de felices dinastías sobre el mármol.
(Los dibujos entretejen un ágape de fuego
y es un ballet de muerte la mesa tendida al sol
donde Swinburne mastica pétalos dorados para tu agonía
y el Gran Sufí recorre la feria en mitad de la noche.)
Es el contagio de memorias quien te pide tijeras,
alimañas, afán de soledad, sucio espejo levantado en tu honor
para fraguar la historia.
Labra los siglos desde su guarida.
Así comienzan los encantamientos.
El cazador prueba en su lengua un talismán de pelos de murciélago.
¿Con qué ajuar de ciegas caretas cruzarías
la noche del amor y sus repeticiones?
¿Qué ofrendas dejarías en el baldío corazón
golpeando -sin cesar- columnas rotas?
¿Qué arcano para la palabra indivisa?
¿Nada más que majestad de fiebre
deshabitada por la exacta caída del imperio?
Ya no habrás de ver el rapto y la crucifixión de mi vuelo.
Hilvanaré piedad en el jardín
porque de viento es esta mordedura,
porque de viento es esta ley tatuada en mi costado.
Bastante herida mojó en la tierra
la mansión del deseo.
¿El sacrificio voraz de toda primavera?
Manuel Lozano
París, abril de 2004
*Este poema inauguró la emisión correspondiente al 21 de septiembre de 2006 de "El Oro de los Tigres -Para un panorama de la Cultura actual-, de Manuel Lozano. www.fmradiocultura.com.ar
servido por Gloria Margarita
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